viernes, 4 de mayo de 2012

Christa Wolf - La ciudad de Los Ángeles o El abrigo del Doctor Freud


No creo que alguien de vosotros haya leído algún libro de Christa Wolf. Christa Wolf murió el año pasado y ha sido una de las escritoras alemanas más importantes de la 2ª mitad del sigo XX. Hace algunas semanas acabé “La ciudad de Los Ángeles o El abrigo del Doctor Freud”, la última obra de Christa Wolf, publicada en 2010. Hoy he visto que ha sido traducida al Español con la ayuda del Instituto Goethe (Editorial Alianza). Enseguida creía que lo iba a proponer en el club la siguiente vez que me toca pero luego pensé que igual es demasiado largo, la temática un tanto “especial” y el género irreconocible. Por eso esta pequeña reseña aquí, de un libro que sin duda es de lo mejor que he leído últimamente. El argumento central del libro son los acontecimientos en la Alemania reunificada a principios de los años 90. Entonces se produjo el llamado “Literaturstreit”, una batalla entre defensores y detractores de los escritores de la RDA. Wolf, que en esta época pasa una temporada en Los Ángeles reflexiona desde su propia experiencia sobre este cambio cultural y moral que tiene lugar en esta época. Este parte del libro se podría comparar con un documento casi autobiográfico, unas memorias. Los Ángeles es el segundo tema del libro. Nunca he estado en esta ciudad pero desde siempre me ha fascinado y tengo la sensación de conocerle bien. Los Ángeles como símbolo del capitalismo sin límites, de la sociedad americana pero al mismo tiempo lugar de lo que se conoce como “El Nuevo Weimar bajo las palmeras” por haber acogido a los hermanos Mann, Brecht, Feuchtwanger y muchos otros intelectuales alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. A través de un grupo de personajes ficticios Christa Wolf sigue las huellas de estos personajes reales desde Santa Mónica hasta Pacific Palisades.
“La ciudad de Los Ángeles” es un libro muy humano, sincero y ante todo valiente. La autora se enfrenta con una mezcla de géneros (ficción, biografía, reportaje) a su propia vida (muy relacionado con su papel en la RDA) y plasma sus percepciones sobre una época que a lo mejor ahora vamos a ver con otros ojos. ¿Quién se anima?

domingo, 22 de abril de 2012

Stefan Zweig - Momentos estelares de la humanidad

Marta propone de nuevo un ensayo, esta vez del escritor austriáco Stefan Zweig. Éste es probablemente el libro más famoso de Stefan Zweig. En él lleva a su cima el arte de la miniatura histórica y literaria. Muy variados son los acontecimientos que reúne bajo el título de Momentos estelares: el ocaso del imperio de Oriente, en el que la caída de Constantinopla a manos de los turcos en 1453 adquiere su signo más visible; el nacimiento de El Mesías de Händel en 1741; la derrota de Napoleón en 1815; el indulto de Dostoievski momentos antes de su ejecución en 1849; el viaje de Lenin hacia Rusia en 1917... «Cada uno de estos momentos estelares—escribe Stefan Zweig con acierto—marca un rumbo durante décadas y siglos», de manera que podemos ver en ellos unos puntos clave de inflexión de la historia, que leemos en estas catorce miniaturas históricas con la fascinación que siempre nos produce Zweig.
Stefan Zweig trabajó más de veinte años en su Momentos estelares de la humanidad. Concedía particular importancia al ritmo del relato; en sus propias palabras:
"... el inesperado éxito de mis libros proviene, según creo, en última instancia de un vicio personal, a saber: que soy un lector impaciente y de mucho temperamento. Me irrita toda facundia, todo lo difuso y vagamente exaltado, lo ambiguo, lo innecesariamente morboso de una novela, de una biografía, de una exposición intelectual. Sólo un libro que se mantiene siempre, página tras página sobre su nivel y que arrastra al lector hasta la última línea sin dejarle tomar aliento, me proporciona un perfecto deleite. Nueve de cada diez libros que caen en mis manos, los encuentro sobrecargados de descripciones superfluas, diálogos extensos y figuras secundarias inútiles, que les quitan tensión y les restan dinamismo." 

Nos vemos el próximo 20.05. sobre las 19:30 para comentar el libro. La siguiente persona en proponer en un principio sería Bea, si no puede, le toca a Marta B.

martes, 3 de abril de 2012

Edwin Abbott Abbott - Flatland: A Romance of Many Dimensions

La nueva propuesta es una novela satírica de 1884 escrita por Edwin Abbott Abbott bajo el seudónimo "A square".
El libro habla acerca de un mundo bidimensional llamado Planilandia. El narrador, un humilde cuadrado, nos guía a través de algunas de las implicaciones de su vida en dos dimensiones. "Cuadrado" tiene un sueño acerca de visitar un mundo unidimensional (Linealandia), e intenta convencer al ignorante monarca de Linealandia acerca de la existencia de una segunda dimensión, la cual no puede ser entendida. "Cuadrado" recibe entonces, la visita de una esfera tridimensional, a la cual no puede comprender hasta ver la tercera dimensión por sí mismo. Entonces tiene un sueño acerca de visitar Puntilandia (compuesta de un sólo punto con consciencia de su existencia que ocupa todo y no sabe de nada aparte de sí mismo) con la Esfera y aprende que no puede rescatar al punto de su estado de auto-satisfacción. Aprende a aspirar y a enseñar a otros a tener aspiraciones.
La relación estudiante-alumno se invierte cuando la mente de "Cuadrado" se abre a nuevas dimensiones, y trata de convencer a la esfera de la existencia de una cuarta dimensión espacial, una quinta, una sexta y así en adelante. "Cuadrado" termina en prisión en Planilandia por sus intentos de corromper el pensamiento establecido acerca de las dos únicas dimensiones, impotente queda encerrado anhelando que un día se encuentre algún visionario con aquellas memorias. (Fuente: Wikipedia)

Nos vemos el próximo 22.04. sobre las 19:30 para comentar el libro. En un principio propone Bea.

Conclusiones:
Una propuesta interesante. Sinceramente no me apetecía mucho leer este libro, ya que no me gusta demasiado el género de la ciencia ficción. Pero me ha sorprendido. De una manera original y entretenida el autor nos hace reflexionar sobre las tres dimensiones espaciales y de la posibilidad de la existencia de muchas otras. El protagonista del libro representa al mundo de las dos dimensiones que realiza viajes a Puntilandia (realidad sin ninguna dimensión) y a Linilandia (realidad de una dimensión) que pare él representan mundos “inferiores” que ignoran la existencia de otros espacios. Para nuestro protagonista los habitantes de aquellos mundos son seres ignorantes e inconscientes. Pero cuando se le revela la existencia de otro espacio adicional, el espacio tridimensional, se da cuenta que él mismo vive en un mundo “inferior”. Es una buena manera de hacernos pensar que incluso nosotros, acostumbrados a un espacio tridimensional, deberíamos abrir nuestras mentes y dar por hecho de que existan otros “mundos” de percepción de la realidad que por ignorancia no podemos ver o mejor dicho imaginar. Pero el libro no solamente nos invita reflexionar sobre las dimensiones sino a la vez es una metáfora de la sociedad victoriana altamente jerarquizada por clases sociales. La evolución de los miembros de esta sociedad depende en gran medida de privilegios adquiridos por nacimiento y no por méritos personales. La descripción de la sociedad de Planilandia que ocupa la primera parte del libro es una crítica a la sociedad de las clases y la desigualdad entre hombres y mujeres. En la segunda parte el autor va más allá y retrata de alguna manera como las clases dirigentes quieren mantener el status quo (los más poderosos intuyen una verdad que puede derrumbar la sociedad en la que viven y intentan por todos los medios que esta verdad no se desvela). No es difícil encontrar momentos en la historia de la humanidad donde ocurre exactamente no mismo (Galileo, Darwin, etc.)
Un libro moderno e inteligente que tiene un mensaje claro: la ignorancia nos hace ciego. Recomendable!



martes, 21 de febrero de 2012

Tennessee Williams - Un tranvía llamado Deseo

 Por fin volvemos al teatro. Jutta propone "Un tranvía llamado Deseo" (A streetcar named Desire), obra con la que Tennessee Williams ganó en 1948 el premio Pulitzer en la categoría de Drama. Considerada como una de las obras más importantes de la literatura estadounidense, Un Tranvía Llamado Deseo cuenta la historia de Blanche DuBois, una dama sureña con delirios de grandeza, refugiada en un mundo inventado, presumida, altanera y desequilibrada y Stanley Kowalski, su rudo cuñado miembro de la clase inmigrante proletaria, que en esos tiempos incrementaba su influencia y determinación en la sociedad estadounidense.
La obra se estrenó en Broadway el 3 de diciembre de1947, y bajó el telón el 17 de diciembre de 1949, en el Teatro Ethel Barrymore. La producción de Broadway producción fue dirigida por Elia Kazan y protagonizada nada menos que por Marlon Brando, Jessica Tandy, Kim Hunter, y Karl Malden. Obtuvo dos premios Tony.
 En 1951, un film de la obra, dirigido por Elia Kazan, ganó diversos premios, incluyendo uno de la Academia a Vivien Leigh como Mejor Actriz en el papel de Blanche. En 1995, fue llevada a una opera con música de Andre Previn, y presentada en la opera de San Francisco.

Nos vemos el 25.03. sobre las 18:30 (un poco antes para que podamos ver la película). Propone Bea.

Todos estuvimos de acuerdo de que se trata de una obra muy recomendable. El retrato de dos mundos y formas de pensar enfrentados a través de Blanche que representa el sistema decadente de los terratenientes del sur de Estados Unidos y Stanley, miembro de la clase obrera que se convertirá en la clase media americana de los años 50. Los sentimientos, las emociones y las alusiones culturales y elistístas se enfrentan al sentido común, la realidad y a la mirada dirigida al futuro. Los dos conceptos no son compatibles lo que tiene como consecuencia el derrumbe de uno de ellos: el mundo de Blanche. Pero igual que ella no es capaz de deshacerse de las convenciones sociales de las que es víctima (considerarse superior a los que no son de su condición) también los que representan el futuro y en cierta medida la modernidad americana sucumben a las exigencias que marca la "nueva" sociedad. El carácter excéntrico de Blanche y su estado de "soltera eterna" unido a su pasado ambiguo son causas suficientes para excluirle de la sociedad y tratarle como un bicho raro. El film de la obra demuestra hasta que punto "Un tranvía llamado deseo" fue una propuesta atrevida que no escapó de la censura puritana. Cualquier referencia a la homosexualidad queda excluída y algunas secuencias son algo ambiguas (por ejemplo la escena de la violación). Después del film vimos un documental sobre las diferencias entre el film orginial y la versión censurada así como algunos datos sobre la percepción de la obra.

domingo, 8 de enero de 2012

Louis-Ferdinand Céline - Viaje al fin de la noche

La primera lectura del año propuesta por Martinha es un autor no libre de polémica. Es considerado uno de los escritores más influyentes del siglo XX, desarrollando un nuevo estilo de escritura que modernizó tanto la literatura francesa como la universal. Tras Marcel Proust, es el autor más traducido y popular de la literatura francesa del siglo XX; su novela más famosa es Viaje al fin de la noche. Su figura permanece en la controversia a causa de sus panfletos antisemitas. Viaje al fin de la noche narra la epopeya de Ferdinand Baradamu, herido en la primera guerra mundial en la que participa como voluntario, enamorado de una prostituta sin futuro, sobreviviendo en las colonias francesas en África gracias a un trabajo alienante, persiguiendo su particular sueño americano, de regreso en Francia trabajando como médico rural… Pero más allá del argumento, la fuerza y el interés de la novela residen en la prosa amarga y quebradiza de Céline, en su característico ritmo acelerado, en el lirismo salvaje y descarnado con que construyó a sus personajes o la altiva mueca con que contempló la existencia y que han provocado siempre las más encontradas reacciones; pero que sin duda le convierten en uno de los autores de mayor vigencia y, a través sobre todo de la generación beat, tal vez en el que mayor influencia ha ejercido en las nuevas promociones de narradores. Una gran novela que contiene muchas claves para comprender la literatura europea y latinoamericana actual.
Mario Vargas Llosa escribe sobre Louis-Ferdinand

Céline Curioso por el entusiasmo que despertó en Onetti, sobre el que escribo un ensayo, la primera novela de Céline, he vuelto a leer --¡después de casi medio siglo!-- al último escritor "maldito" que produjo Francia. Como escribió panfletos antisemitas y fue simpatizante de Hitler, muchos se resisten a reconocer el talento de Louis-Ferdinand Céline (1894-1961). Pero lo tuvo, y escribió dos obras maestras, "Viaje al final de la noche" (1932) y "Muerte a crédito" (1936) que significaron una verdadera revolución en la narrativa de su tiempo. Luego de estas dos novelas su obra posterior se desmoronó y nunca más despegó de esa pequeñez y mediocridad en que viven, medio asfixiados y al borde de la apoplejía histérica, todos sus personajes.
En aquellas dos primeras novelas lo que destaca es la ferocidad de una postura --la del verboso narrador-- que arremete contra todo y contra todos, cubriendo de vituperios y exabruptos a instituciones, personas, creencias, ideas, hasta esbozar una imagen de la sociedad y de la vida como un verdadero infierno de malvados, imbéciles, locos y oportunistas, en el que solo triunfan los peores canallas y donde todo está corrompido o por corromper. El mundo de estas dos novelas, narradas ambas en primera persona por un Ferdinand que parece ser el mismo (en "Muerte a crédito" cuenta su niñez y adolescencia hasta que se enrola en el Ejército y, en "El viaje al final de la noche", su experiencia de soldado en la Primera Guerra Mundial, sus aventuras en el África y en Estados Unidos y su madurez de médico en los suburbios de París), sería intolerable por su pesimismo y negrura, si no fuera por la fuerza cautivadora de un lenguaje virulento, pirotécnico y sabroso que recrea maravillosamente el argot popular y finge con éxito la oralidad, y por el humor truculento e incandescente que, de tanto en tanto, transforma la narración en pequeños aquelarres apocalípticos. Estas dos novelas de Céline, más que para ser leídas, parecen escritas para ser oídas, para entrar por los oídos de un lector al que los dichos, exclamaciones, improperios y metáforas del 'titi' parisien de los suburbios le sugieren todo el tiempo un gran espectáculo sonoro y visual a la par que literario. Qué oído fantástico tuvo Céline para detectar esa poesía secreta que escondía la jerga barriobajera enterrada bajo su soez vulgaridad y sacarla a la luz hecha literatura.
No hay un solo personaje entrañable en estas novelas, ni siquiera alguno que merezca solidaridad y compasión. Todos están marcados por el resentimiento, el egoísmo y alguna forma de estupidez y de vileza. Pero todos imantan al lector, que no puede apartar los ojos --los oídos-- de sus disparatadas y sórdidas peripecias, sobre todo cuando hablan. El menos repelente de todos ellos es, sin duda, el astronauta e inventor de "Muerte a crédito", Courtial des Pereires, --una versión gangsteril y diabólica del tierno Silvestre Paradox de Pío Baroja-- que luego de estafar a media Francia con sus delirantes invenciones y sus exhibiciones aerostáticas, termina descerrajándose un escopetazo en la boca que lo convierte en una masa gelatinosa que pringa las últimas cincuenta páginas de la novela y hasta a los lectores los ensucia de pestilentes detritus humanos. No creo haber leído jamás unas novelas que se sumerjan tanto y con semejante placer y regocijo en la mugre humana, en toda ella, desde las funciones orgánicas hasta los vericuetos más puercos de los bajos instintos.
Siempre se ha dicho que el Céline político solo apareció después de escribir sus dos primeras novelas, cuando su antisemitismo lo llevó a excretar "Bagatelles pour une masacre" y otros repugnantes panfletos de un racismo homicida. Pero la verdad es que, aunque, en términos estrictamente anecdóticos, estas novelas no desarrollen temas políticos, ambas constituyen una penetrante radiografía del contexto social en que el nazismo y el fascismo echaron raíces en Europa en los primeros años del siglo veinte. El mundo que Céline describió en sus novelas no es el de la burguesía próspera, ni el de la desfalleciente aristocracia, ni el de los sectores obreros de lo que, a partir de aquellos años, se llamaría el cinturón rojo de París. Es el de los pequeños burgueses pobres y empobrecidos de la periferia urbana, los artesanos a los que las nuevas industrias están dejando sin trabajo y empujando a convertirse en proletarios, los empleados y profesionales que han perdido sus puestos y clientes o viven en el pánico constante de perderlos, los jubilados a los que la inflación encoge sus pensiones y condena a la estrechez y al hambre. El sentimiento que prevalece en todos esos hogares modestos, donde los apuros económicos provocan una sordidez creciente, es la inseguridad. La sensación de que sus vidas avanzan hacia un abismo y que nada puede detener las fuerzas destructoras que los acosan. Y, como consecuencia, esa exasperación que posee a hombres y mujeres y los induce a buscar chivos expiatorios contra la condición precaria y miedosa en la que transcurre su existencia. Bajo las apariencias ordenadas de un mundo que guarda las formas, anidan toda clase de monstruos: maridos que se desquitan de sus fracasos golpeando a sus mujeres, empleados y policías coloniales que maltratan con brutalidad vertiginosa a los nativos, el odio al otro --sea forastero al barrio, o de distinta raza, lengua o religión-- el abuso de autoridad, y, en el ánimo de esos espíritus enfermos, en resumen, la secreta esperanza de que algo, alguien, venga por fin a poner orden y jerarquías a pistoletazos y carajos en este burdel degenerado en que se ha convertido la sociedad.
Todos estos personajes son nacionalistas y provincianos en el peor sentido de estas palabras: porque no ven ni quieren ver más allá de sus narices. Como el Ferdinand Bardamu de "El viaje al final de la noche" pueden recorrer el África negra y vivir en Estados Unidos, o, como el Ferdinand de "Muerte a crédito" pasar cerca de dos años en Inglaterra. Inútil: no entenderán ni aprenderán nada sobre los otros porque, por prejuicio, desgana o desconfianza, son incapaces de abrirse a los demás y salir de sí mismos. Por eso, regresarán a su suburbio aldeano, a su campanario, como si nunca lo hubieran abandonado. No saben nada de lo que ocurre más allá de su entorno porque no quieren saberlo: como si romper las celdas en que se han encerrado por el miedo crónico en que viven, fuera a hacerlos más vulnerables a esos misteriosos enemigos de que se sienten rodeados. Pocos escritores han descrito mejor que Céline ese espíritu tribal que es el peor lastre que arrastra una sociedad que intenta progresar y dejar atrás los prejuicios y hábitos reñidos con la modernidad. En Céline no hay la menor intención crítica frente a esta humanidad obtusa y estúpida que describió con intuición genial. Para él, el mundo es así, los seres humanos están hechos de ese apestoso barro y nada ni nadie los mejorará.
Céline pertenecía a este mundillo y nunca salió de él. Por sus simpatías hitlerianas, al final de la guerra huyó a Alemania tras los nazis que escapaban de París y, luego de un peregrinaje patético que narró en unas seudonovelas que no son ni sombra de las dos primeras que escribió, terminó en una cárcel danesa. Dinamarca se negó a extraditarlo argumentando que si lo entregaba a Francia no tendría un juicio imparcial y sería poco menos que linchado. (Estuvo a punto de ser asesinado durante la ocupación por un comando de la resistencia en el que, por lo menos eso juraba él, participó el escritor Roger Vailland). En 1953, fue amnistiado y pudo regresar a París. Volvió a la banlieu donde acostumbraba jugar a la 'pétanque' con amigos de su barrio. Jamás se arrepintió de nada. Poco antes de morir concedió una entrevista en la televisión a Roger Stéphane. Nunca he olvidado esa cara del viejo Céline con la barba crecida y sus ojos enloquecidos, clavados en el vacío, mientras, apretando su puñito esquelético, su vocecita cascada rugía, frenética, ante la cámara: "¡Cuando los amarillos entren a Bretaña, ustedes, franceses, reconocerán que Céline tenía razón!".

Como es un libro más extenso de lo normal (más de 500 páginas) nos vemos dentro de seis semanas, el 19.02.2012, como siempre sobre las 19:30! La siguiente propuesta hará Jutta.

Conclusión:
No nos pusimos del todo de acuerdo si “Viaje al fin de la noche” es un libro recomendable o no. Para empezar, a todos los pareció un libro demasiado extenso. Costaba un poco llegar hasta la última página. No es una novela que desarrolla una historia determinada sino más bien una sucesión de vivencias personales del protagonista (Ferdinand), muy descompensadas entre si.  
La novela arranca bien. Empieza con las experiencias de Ferdinand como soldado durante la Primera Guerra Mundial con algunos pasajes remarcables. Destaca la ironía con la que dibuja el estado de ánimo de una sociedad volcado en el patriotismo y el sentimiento bélico. Céline deja muy claro que lo único cierto en esta vida es la muerte. Desde las primeras páginas el lector se da cuente que está ante un libro sumamente pesimista, que no cree en la felicidad ni en el amor. Hagas lo que hagas, el único final seguro es la muerte. En esta primera parte he encontrado similitudes con la novela antibélica de “Sin novedad en el frente” de Erich María Remarque. 
Siguiente parada es el continente africano. Quitando el viaje en el barco que contiene algunas descripciones fantásticas (recordamos por ejemplo la ansiedad que siente al ser descubierto como disidente por los demás pasajeros; el calor; el comportamiento colectivo…), la estancia en la colonia me resultó demasiado larga. Parecía que la historia no avanzaba.  
Coincidimos que la mejor parte del libro es la que se desarrolla en Nueva York y Detroit. Tiene muchas connotaciones propias de la literatura europea de entreguerras. ¿Qué es progreso? ¿Qué conciencia tiene de si mismo el hombre moderno ante el avance de la máquinas y de la mecanización de la vida cotidiana? Destacamos la descripción de la ciudad vertical Nueva York y el ambiente de la clase obrera de Detroit.  
Es con la vuelta del protagonista a Francia cuando el libro se vuelve espeso y en muchas ocasiones repetitivo. A menudo recuerda a una escritura no meditada, es decir, da la sensación que el escritor escribe a la medida que se le ocurren las cosas sin perseguir un objetivo, un fin. Eso sí, siempre salpicado de pensamientos oscuros y pesimistas, sobre el sinsentido de la vida, la putrefacción, y de nuevo, la muerte. Elementos que se retoman y se desarrollan más tarde con la llamada Generación Beat (también en cuando a los elementos formales de la novela). Personalmente incluso vi algunos elementos del surrealismo (por ejemplo la omnipresencia del personaje Robinson). 
Lo que no se puede negar que “Viaje al fin de la noche” en su momento de publicación fue un libro extremadamente moderno. El lenguaje utilizado, muy crudo y aparentemente sin tabúes, forma parte de una corriente literaria que ya se inicia con el expresionismo y sin duda ha allanado el camino para otras expresiones literarias del posmodernismo.  
Creemos que es un libro que define bien a una época, pero personalmente no lo recomendaría.    

jueves, 8 de diciembre de 2011

Ismaíl Kadaré - El accidente

Primera incursión a la literatura albanesa: El accidente de Ismaíl Kadaré.
Un taxi se sale inexplicablemente de la calzada y se estrella en la carretera que lleva al aeropuerto de Viena. Como consecuencia del choque, los dos pasajeros, un hombre maduro y una mujer joven, ambos de nacionalidad albanesa, resultan muertos. Las investigaciones policiales no consiguen aclarar qué fue lo que despistó al taxista al mirar por el retrovisor como para perder el control del vehículo. El asunto queda archivado como un mero accidente, aunque con el calificativo de extraño. Meses más tarde, los servicios de inteligencia serbios y albaneses primero, y un investigador anónimo después, reclaman el expediente e inician sus propias pesquisas. El fallecido, Besfort Y., era un experto para asuntos balcánicos del Consejo de Europa que había seguido de cerca el proceso de descomposición de Yugoslavia, especialmente la guerra de Kosovo. La mujer que lo acompañaba, Rovena, se había entrevistado con él en distintos hoteles de toda Europa, por lo que podría estar implicada en las nunca desveladas actividades de Besfort. A través de los indicios policiales, testimonios de amigos y conocidos, un diario de Rovena..., se va trazando un bosquejo de la personalidad de los fallecidos y, sobre todo, de su particular relación amorosa. Novela de intriga política, novela sobre la investigación de un crimen, novela de amor...

Nos vemos el 08.01.2012 para comentar el libro. Martinha propondrá (desde Francia) la nueva lectura.
Feliz Navidad a todos y si no nos vemos antes Feliz Año Nuevo! 

Conclusión:
El libro nos dejó un poco desconcertados en el sentido que la lectura deja mucho espacio a la interpretación subjetiva de los acontecimientos. La propia estructura del libro (confusión de lo que dicen los personajes y lo que sienten o sueñan, cambio continuo de la voz directa y indirecta con ausencia de puntuación, giros en la perspectiva de la narración, avances y retrocesos en la historia) hace muy difícil reconstruir una historia que en un principio se basa en una investigación de un accidente. Lo que al principio puede parecer una novela policíaca, política o de amor se queda en la descripción de una relación autodestructiva entre una estudiante albanesa y un hombre que trabaja para la Comisión Europea con las guerras balcánicas como telón de fondo. Nos nos quedó claro cuál es la intención del autor. ¿Hablar quizás de las relaciones entre los hombres en general? Personalmente interpreto “El accidente” como un intento de describir lo que es el amor y como se manifiesta en los tiempos que corren. El amor que es el deseo, el amor que lleva en si mismo el odio y la muerte. El propio proceso de la investigación (principio y final de la novela) pasan a un segundo plano e incluso se convierte en algo abstracto y caso surrealista. Las fronteras entre lo real y la ensoñación se difuminan. Jutta sugirió que la historia entre los dos amantes podría leerse como una metáfora de la relación entre dos países, la Albania representada por la joven estudiante y Besfor, el que representa a la Europa Occidental. Muchas dudas que nos hacen pensar de no haber entendido el mensaje de Kadaré.
A su favor hay que decir que se trata de una prosa impecable que dibuja situaciones que dejan huella en el lector (estos momentos íntimos en las habitaciones de los hoteles, los pensamientos-sueños interiores de los amantes casi oníricos, la descripción de los paisajes que atraviesan sus personajes). Habrá que consultar Internet para ver si alguna recensión sobre el libro ilumina un poco nuestras mentes.

jueves, 20 de octubre de 2011

Vasili Zhukovski - Poemas románticos


Acabo de salir de la segunda clase de un taller de lectura sobre el Romanticismo ruso y quería compartir con vosotros algunas poesías realmente bellas de un autor prácticamente desconocido. Se trata de Vasili Zhukovski (1783-1852), considerado el padre del romanticismo psicológico en Rusia. Salvo unas pocas poesías su obra no ha sido traducida al castellano (las pocas traducciones que existen son de una autora española que se ocupa del Romanticismo ruso).
El primer poema trata sobre el destino. Los autores de esta corriente no creen que el hombre puede cambiar sus circunstancias, no pueden huir de la realidad. Son sumamente pesimistas. Aún así “Una hoja” permite una lectura irónica y en este sentido creo que es muy actual.




UNA HOJA

DI, separada de la rama amiga,
hojita solitaria, ¿adónde vuelas?...
Yo mismo no lo sé.
El roble en que nací
fue destrozado por un rayo.
Desde entonces, por valles y montañas
según el viento quiera
corro adonde el destino me señala.
Adonde corren todos en el mundo,
adonde vuela la hoja de laurel
y la hojita de rosa.

Y como estos poetas rehuyen de la realidad, se evaden y crean poesías oníricas llenas de fantasía. Hay un poema maravilloso que lo demuestra a la perfección:

PROXIMIDAD DE LA PRIMAVERA

EL cielo está en silencio,
la luna brilla misteriosa
tras ligera neblina,
y sobre la montaña,
envuelta entre las sombras,
juguetea la estrella del amor.
En el abismo azul
invisibles espíritus
encantan, vivifican
la calma de la noche,
saluda la cercana primavera.

Y para terminar, otro poema de Zhukovski que habla de esta huida del mundo real a través de la noche. Y si volvéis a casa después de un día duro en el trabajo seguramente os alegra un poco de lo que queda del día:

LA NOCHE

EL día ya cansado
sobre el agua de púrpura se inclina.
Se oscurecen las bóvedas azules,
las sombras frías se extendieron.
En silencio, la noche
se va por los caminos del espacio;
la hermosa estrella de la tarde
la precede en su vuelo.

¡Desciende, oh noche amiga, hasta nosotros
con tu mágico velo,
con tu aliento de olvido bienhechor,
tráenos la paz al corazón cansado.
Como una madre al niño, calma
con tu presencia llena de consuelo,
con el arrullo de tu canto,
el alma consumida por las penas!