Nuevo mes, nuevo género: el ensayo. En la puritana España franquista de los 60, un chico de trece años, medio pupilo en un colegio religioso, sin hermanas ni padres libertinos, con películas veladas y guiones reescritos, encuentra en casa de sus abuelos un tesoro, una señal: los tres tomos de la 'Historia del Arte' de Josep Pijoan, publicada por Salvat en 1923. Lo que originalmente debía ser material de consulta para el colegio se convirtió, para ese adolescente que luego sería el ensayista y narrador Rafael Argullol, en una escuela de erótica. Como en los tiempos de Felipe II, fueron las venus de Tiziano y Giorgione -más que las divas de Hollywood o las publicidades de moda- las primeras imágenes de lo deseado y desconocido. Lámina a lámina desfilaba para él, a veces en reproducciones minúsculas, un harén de anatomías prohibidas: la Ariadna en 'La Bacanal' de Tiziano, la 'Odalisca y la esclava' de Ingres; la 'Io' de Correggio, las célebres majas de Goya.
Cuarenta años más tarde, el observador -hoy un prestigioso profesor de estética en la universidad de Barcelona, autor de libros como 'El Héroe y el Unico', 'La atracción del abismo', 'La razón del mal'- recorre esa pinacoteca y descubre cómo esas primeras visiones modelaron su gusto de adulto. A mitad de camino entre la autobiografía y una amena introducción al desnudo en occidente, 'Una educación sensorial' obtuvo el premio de ensayo Casa de América-Fondo de Cultura Económica. En esta entrevista telefónica, Argullol analiza con ojos de crítico los juicios e intuiciones de aquel adolescente ávido, y sostiene que "vivimos en una época volcada a la pornografía, no sólo en lo sexual, sino fundamentalmente en los aspectos socio-político y mediático".
Así lo resume el propio autor, Rafael Argullol: 'Una educación sensorial' es el título de este libro pero, asimismo, exactamente, lo que en él se narra bajo la doble experiencia de un adolescente que descubre en el arte lo que la vida todavía no le ha ofrecido, y de un adulto que evoca, tras el paso de los años, lo que fue aquel aprendizaje singular y en muchos sentidos mágico. Sin embargo, también el subtítulo es ajustado puesto que, como se observará, la narración implica a la par una reflexión sobre el erotismo y una auténtica historia del desnudo en la pintura, construida siempre, eso sí, desde la experiencia subjetiva del narrador."
Nos vemos el jueves, 23.06. sobre las 19:30 (es festivo) para comentar el ensayo y la novela de Banville (la última vez solo estuvimos dos que se lo habían leído). La siguiente en proponer es Marta B.
Conclusiones:
En general nos gustó el ensayo sobre el desnudo femenino en la pintura. Era una buena ocasión de repasar y contemplar pinturas en parte muy conocidas y colocarlas en el contexto de lo erótico y sensual. Como apunta el propio autor del ensayo las sensaciones que uno puede vivir con un cuadro son muy subjetivas. Lo que puede atraer a uno puede provocar rechazo en otro. También hemos resaltado que la perspectiva desde que se analizaron los cuadros (de un chico adolescente de 13 años durante los años 50 en un entorno católico) ha cambiado para muchos de nosotros. Aunque algunos de nosotros hubieran podido experimentar sensaciones parecidos de pequeños al ver por primera vez desnudos y alusiones sexuales en la pintura está claro que la educación sexual, la existencia de otros soportes como por ejemplo la fotografía, ha determinado en gran medida la percepción de lo erótico. Más allá de las sensaciones subjetivas el ensayo repasa la representación de diferentes deidades y motivos (la violencia, la muerte, la juventud) y lo pone en el contexto histórico y cultural del momento. También es interesante como diferentes motivos han sido interpretados y representados de manera diferentes por artistas de la misma época. Igual a ratos un poco repetitivo y en ocasiones una razonamiento demasiado personal. Este último punto quizás lo aleja del ensayo estrictamente científico y lo acerca a un texto más prosaico.
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